En todo el mundo se están celebrando los 200 años de una de las obras maestras de la poesía italiana: hablamos de “L’infinito” de Giacomo Leopardi.

Nosotros, como muchos otros italianos aquí en Chile, también queremos homenajear aquella lírica que empezamos a conocer cuando niños, aprendimos de memoria en el colegio hasta descubrir ser una de las piedra millares de la literatura italiana, traducida y recitada en decenas de idiomas alrededor del mundo.

Sin embargo ¿por qué, dos siglos después de su composición, continuamos recitando, comentando y hablando de este poema?

Como suele ocurrir con las obras maestras, a pesar del paso del tiempo sigue siendo actual: sus versos todavía nos hablan.

Resumiendo: Giacomo Leopardi, personaje legendario de la literatura italiana, cultísimo desde la niñez y desde la niñez jorobado y raquítico, solitario y estudioso heredero de una noble familia del centro Italia, escribe “L’infinito” durante la primavera de 1819. El poema  –como en general todo el trabajo de Leopardi-  es de una importancia enorme ya que de pronto aparecen en el panorama literario nacional algunas temáticas fundamentales. No solo los ecos del Romanticismo Europeo, sino que ideas que pertenecerán a toda la futura producción poética italiana: es la investigación interior de la condición del individuo.

 

LeopardiInfinitoAutografi

Una mirada hacia un infinito que se busca/encuentra justamente en la interioridad del sujeto poético. Un concepto de infinito que no es espacial y cósmico –o por lo menos no solamente- sino que es también temporal. Es así como “L’infinito” de Leopardi logra -a través de una extraordinaria simplificación de datos externos como el cerco, el viento, su sonido al soplar entre las hojas- una increíble renovación formal y de contenidos, superando aquel estilo algo “académico” típico de la poesía italiana hasta aquel entonces.

Una abertura hacía una búsqueda interior que se quedará como punto de partida y de referencia para toda la producción que seguirá, demostrando así como todavía, al leer estas líneas, nos invade una profunda e inagotable emoción.

Giacomo Leopardi. L’infinito

Sempre caro mi fu quest’ermo colle,

E questa siepe, che da tanta parte

Dell’ultimo orizzonte il guardo esclude.

Ma sedendo e rimirando, interminati

Spazi di là da quella, e sovrumani

Silenzi, e profondissima quiete

Io nel pensier mi fingo, ove per poco

Il cor non si spaura. E come il vento

Odo stormir tra queste piante, io quello

Infinito silenzio a questa voce

Vo comparando: e mi sovvien l’eterno,

E le morte stagioni, e la presente

E viva, e il suon di lei. Così tra questa

Immensità s’annega il pensier mio:

E il naufragar m’è dolce in questo mare.

Vittorio Gassman in l'infinito ( Leopardi )

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Giacomo Leopardi. El infinito

Amé siempre esta colina,

y el cerco que me impide ver

más allá del horizonte.

Mirando a lo lejos los espacios ilimitados,

los sobrehumanos silencios y su profunda quietud,

me encuentro con mis pensamientos,

y mi corazón no se asusta.

Escucho los silbidos del viento sobre los campos,

y en medio del infinito silencio tanteo mi voz:

me subyuga lo eterno, las estaciones muertas,

la realidad presente y todos sus sonidos.

Así, a través de esta inmensidad se ahoga mi pensamiento:

y naufrago dulcemente en este mar.