Leonardo Da Vinci ha pasado a la historia como el artista portador del saber universal por excelencia. Ningún otro creador ha abarcado -y dejado registro- de sus investigaciones en tantas y tan distintas áreas. Fue pintor, escultor, escenógrafo, inventor, ingeniero militar, urbanista, anatomista, biólogo, geólogo, botánico, tratadista, músico. En sintesis fue un hombre de artes y ciencias que dedicó su vida a explorar varias esferas del conocimiento. Este 2019, con motivo de la conmemoración de quinientos años de su muerte, no deja de sorprender el gran atractivo que genera su figura en las nuevas generaciones, que desean seguir conociendo todas las aristas de la vida y obra de este multifacético hombre italiano.

Sabemos que Leonardo nació un 15 de abril de 1452 en Anchiano, Vinci, una zona rural  de la provincia Toscana, circundada de colinas, viñas y olivos.  Fue hijo natural del notario ser Piero Da Vinci y de Caterina di Meo Lippi, una campesina con la que  Leonardo perdería contacto a los cinco años. Desde temprana edad, demostró interés por conocer el mundo que lo rodeaba, la naturaleza fue su primer objeto de estudio, y el dibujo sería su medio para plasmar las observaciones y descubrimientos que realizaba. Hacia 1469, se instaló en Florencia, impulsado por su progenitor para estudiar y trabajar en el taller del maestro Andrea del Verrocchio. La ciudad en aquellos tiempos fue la cuna de lo que actualmente conocemos como Renacimiento, un periodo cultural que situó al hombre como centro de interés investigativo, y retomó los modelos de pensamiento y creación de la Antigüedad Clásica. Famosas obras pictóricas que Da Vinci realizaría en este periodo fueron: La Virgen Benois, La Virgen del clavel, La Anunciación y La adoración de los magos, que dejó inconclusa. En 1482 Leonardo buscó un nuevo destino que le permitiera desarrollar sus inquietudes y fue así como emprendió rumbo a Milán para trabajar en la corte de Ludovico il Moro y la familia Sforza.

Para Da Vinci hubo un solo modo de adquirir conocimiento: la experiencia. Observar, analizar, experimentar, equivocarse y proyectar muchas veces sin siquiera haber visto cristalizadas sus ideas en resultados concretos.

En Milán, nombrado jefe de ceremonias, se dedicó también a proyectar escenografías, armas de guerra, sistemas de canalización de las aguas, planos para modernizar la ciudad y un gran monumento ecuestre que no lograría llegar a término. De esta época datan varias de sus célebres pinturas: los retratos de Cecilia Gallerani, Lucrezia Crivelli, la primera versión de La Virgen de las rocas y La última cena.  En los albores del siglo XVI, cuando Leonardo regresó Florencia transcurrieron los años que vieron nacer a La Gioconda (1503-1506 c.), tal vez la pintura más celebre del mundo que hasta hoy nos inquieta por los misterios en torno  su identidad, enigmática  sonrisa y mirada sugestiva.  En esta etapa prosiguió con sus avanzados estudios anatómicos a través de la disección de cadáveres, dejando un vasto corpus de dibujos sobre la constitución y mecánica del cuerpo humano. En este peregrinar en busca de inspiración y nuevos comitentes Leonardo retornó a Milán (1506- 1513), pasó luego unos años en Roma (c. 1513-1516)  para asentarse finalmente en la zona francesa de Touraine (1517-1519). Pasó sus últimos años al servicio del rey de Francia y murió el 2 de mayo de 1519 en el castillo de Clòs Luce, Amboise, siendo un hombre famoso y apreciado.

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En las obras pictóricas mencionadas, es posible apreciar el sfumato, una técnica pictórica desarrollada por el artista, que –como su nombre lo indica- lograba producir un efecto de profundidad a través de la difuminación de los contornos en los objetos, espacios o individuos representados. Este aporte permitiría a Leonardo y los pintores posteriores realizar un tipo de perspectiva aérea, generada por la luz y el color. En su faceta de inventor, este adelantado toscano proyectó máquinas voladoras, automóviles, puentes levadizos, instrumentos musicales, máquinas de guerra, represas y muchos otros inventos, que han quedado registrados en sus dibujos, dando cuenta de su admirable imaginación y capacidad innovadora. Aunque muchas de estas creaciones no fueran realizadas o no hayan logrado cumplir su función, se consideran prototipos mecánicos que tienen asombrosas coincidencias con artefactos actuales como el helicóptero, planeador, paracaídas o escafandra.

Volver la mirada al creador italiano a quinientos años de su muerte, implica repasar estos antecedentes para observar cómo en su tiempo desarrolló una nueva actitud del saber.  Para los eruditos de su época el conocimiento estaba fundado en los textos sagrados y clásicos desde un conjunto de certezas dogmáticas. Para Da Vinci hubo un solo modo de adquirir conocimiento: la experiencia. Observar, analizar, experimentar, equivocarse y proyectar muchas veces sin siquiera haber visto cristalizadas sus ideas en resultados concretos. Todos estos son elementos que están en la base de su quehacer y que lo convierten en uno de los primeros pensadores de la era moderna y en un protagonista  vigente de la cultura mundial.

 

Ughette De Girolamo Del Mauro

Doctor en Historia del Arte, Università degli Studi di Firenze