Rita, bailarina del Ballet Nacional Chileno, llegó a Chile siguiendo a un director de ballet, quien asertivamente la invitó a audicionar. De eso han pasado ya 12 años y muchísimas experiencias. Natasha, quien llegó desde Calabria, dio el salto simplemente porque “quería tener una experiencia en el extranjero”. Fabrizio, en tanto, conoció a una encantadora chilena en Venecia que guio su camino hasta nuestras tierras. Historias así hay tantas como italianos en Chile.

En el encuentro “Noi Expat italiani”, organizado por la Embajada Italiana en Chile y que buscaba reunir a la comunidad en un momento de intercambio y networking, pudimos ver más detalladamente la realidad de quienes, actualmente, decidieron llegar a tierras chilenas.

Los ejemplos son muchos pero sí podemos identificar similitudes: muchos de ellos han llegado simplemente por las ganas de conocer Chile, ¿por qué no? Ya sea motivados por un amor, oportunidades laborales o incluso un libro que los llevó a encantarse con la literatura nacional, los inmigrantes italianos al año 2018 han llegado en condiciones diferente a las cuales contemplaban sus coterráneos en el 1880.

Al comparar estos testimonios con la realidad de los primeros inmigrantes italianos, ¡qué diferencia! La búsqueda de nuevas oportunidades de desarrollo profesional y personal es el denominador común. Ya en el Censo de 1907 se contabilizaban 13.023 italianos viviendo en Chile, quienes se ocupaban principalmente de actividades comerciales, industriales y a las profesiones liberales.

Las calles de las ciudades chilenas se vieron llenas de emporios, clásicos italianos, que llegaron a ser hasta 1.200 en el Gran Valparaíso durante el siglo XX, dibujando la silueta de la ciudad y entregando parte de su cultura a los porteños de la época.

Dentro de este removido escenario que vivía nuestro país, con colonos de distintas procedencias, culturas encontrándose y diversas tradiciones convergiendo, hubo familias italianas que definieron este panorama. Una de ellas es la familia Alessandri, con una importante injerencia en la política nacional, y de cuya descendencia hubo dos presidentes chilenos, hecho bastante meritorio considerando que eran migrantes. Augusto Carozzi y Leopoldo Lucchetti, por su parte, no incursionaron en asuntos diplomáticos, pero sí determinaron qué comían los chilenos, instalándose con modernas fábricas de pastas y despertando el apetito con sus curiosas formas y delicioso sabor.

A pesar de su relevancia tantos años atrás, hay muchas familias italianas que aún tienen roles fundamentales en el Chile actual, pero evidentemente en un horizonte diferente.

Todos conocemos la multitienda Falabella, ¿no? Bueno, este tremendo y exitoso retail fue fundado en 1889, cuando nace como la primera gran sastrería en Chile bajo el mando del italiano Salvatore Falabella. Hoy, la empresa tiene presencia en distintos países de Latinoamérica y es liderado por Carlo Solari Donaggio, empresario chileno de origen italiano que ha llevado a este gigante por la senda de la expansión y consolidación internacional. No por nada fue premiado como el Director del Año 2018 en el evento del séptimo aniversario del diario nacional Pulso.

¿Y quién no ha escuchado el apellido Angelini? Anacleto, nacido en Ferrara a principio del siglo pasado, llegó a Chile después de la Segunda Guerra Mundial creando, en este País, un verdadero gigante económico y destacándose por su sencillez y bajo perfil. Las riendas de sus variadas actividades económicas están ahora en las manos de su sobrino Roberto.

Juan Cuneo(*Imagen: http://deportereyydereyes.blogspot.com)

Juan Cuneo(*Imagen: http://deportereyydereyes.blogspot.com)

 

Roberto Angelini (*Imagen: COPEC)

Roberto Angelini (*Imagen: COPEC)

Distintas formas y características de procesos de migración italiana a lo largo de un siglo los cuales, sin embargo, quieren constituir un aporte al crecimiento de Chile gracias a la creatividad y al espíritu empresarial y de superación que desde siempre ha caracterizado la “gens itálica”.

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